Foto Sin nosotras no se mueve el mundo, ni tampoco las fiestas
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Los cuidados han sido invisibilizados y precarizados, aún siendo los que sostienen la vida. Esta labor ha sido adjudicada a las mujeres. “Se nos educa para ser cuidadoras, pero ahora queremos darle una vuelta a esos cuidados, por eso, han de repartirse de otra manera. Debemos visibilizarlos y que no se nos vaya la vida en los cuidados” nos decía Rafaela Pimentel, miembro del colectivo Territorio Doméstico durante el Hacer Raro "Sin nosotras no se mueve el mundo, ni tampoco las fiestas".  

En torno a 20 mujeres nos juntamos el 1 de diciembre en el Espacio de Igualdad Berta Cáceres, situado en Orcasitas, donde compartimos inquietudes y analizamos cómo, ante la crisis que sufrimos desde 2008 y ante el desmembramiento del Estado de Bienestar, se ha agudizado la soledad de las familias ante las tareas domésticas, especialmente las relativas a los cuidados de personas dependientes. Las mujeres han vuelto a ser las que han sido afectadas en mayor medida por este neoliberalismo que deposita en las mujeres y en las empleadas del hogar esos cuidados. A pesar de ese esfuerzo, el empleo del hogar sigue sin tener un convenio o derecho a paro, e incluso en muchas ocasiones carece de remuneración. Esto demuestra que el trabajo del hogar y los cuidados, mayoritariamente femenino, sigue sin valorarse, a pesar de ser uno de los pilares fundamentales de la vida.

Las compañeras del colectivo Territorio Doméstico demandan que exista entre las mujeres la posibilidad de elegir si quieren o no dedicarse a los cuidados de la familia y el hogar, pero señalan que, para llegar a eso, han de existir políticas de cuidados que garanticen tanto el derecho de las personas dependientes (niños, mayores y enfermos), como los derechos de lxs cuidadorxs para que no sea una labor silenciada y que siga recayendo siempre en la mujer. “Los cuidados son una responsabilidad de todas las personas” fue una los temas que guió el taller y fue también en este lema donde situamos parte de la reflexión en torno a las fiestas, para que las estas no reproduzcan estos modelos, permitiendo la participación de más mujeres y evitando que se sostengan sobre el trabajo oculto de las mujeres cuidadoras.

A través de las canciones rebeldes, los bailes y los cuidados fuimos conversando sobre estas realidades que nos atravesaban, mientras pensábamos la acción que desarrollaremos en la Fiesta Rara del 7 de abril en el parque de Pradolongo. En la próxima reunión, que tendrá lugar seguramente en febrero, prepararemos la Pasarela Precaria con la que queremos hacer un acto performativo que enunciará la realidad de las empleadas del hogar. Esta acción inusual en el espacio público tiene que generar un extrañamiento, un qué pasa aquí, mostrando diferentes “modelos” que representen realidades compartidas por muchas de las personas que transitan el espacio público. A través de esta acción pública generaremos una denuncia política con un formato diferente. Os invitamos a participar y crear entre todas ese lugar de encuentro con el que seguir construyendo espacios de visibilidad de esta realidad oculta en los muros de las casas.  

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